El dueño de una finca en el pueblo de Chapinería hizo una llamada preocupante a la policía local: “vi unos cadáveres en una de las habitaciones” declara Jaime Hernández, quien adquirió la casa recientemente. El madrileño, de 46 años, compró la finca muy barata, “y ya sé por qué”, nos cuenta. Perteneció hace años a un matrimonio que tuvo un hijo ya cuando eran mayores.
Jaime, con la ayuda de su familia, ha investigado a los antiguos propietarios de su finca para descubrir una inquietante verdad que les había sido ocultada por los vecinos de la zona.
"Tuvieron un hijo deficiente del que todos se burlaban" explica Carlos, su cuñado, quien le ha estado ayudando. "El pobre matrimonio no podía soportarlo más, lo cierto es que colmaron su paciencia" añade.
La gente del pueblo se dio cuenta de que no estaban cuando la mujer dejó de pasar por el mercado. "Un señor nos contó que cuando fueron a su casa para ver si estaban bien, no había nadie. Pero no era que se hubieran ido de viaje, porque lo habían dejado todo. Simplemente, desaparecieron".
El desafortunado nuevo propietario nos relata la escalofriante anécdota que tuvo lugar el pasado jueves. Una de las habitaciones, dice, estaba cerrada a cal y canto desde el día en el que la compraron, y cuando lograron al fin abrirla se llevaron una sorpresa muy desagradable: había dos cadáveres recientes en la habitación. "Lo que no nos explicamos", dice Gloria, la mujer de Jaime, "es que parecía que acabaran de morir. No nos acercamos mucho, pero lo cierto es que la habitación llevaba cerrada mucho tiempo".
El aterrado matrimonio no se decidía entre si llamar o no a la policía, con miedo a ser acusados de algún crimen. Finalmente, optaron por realizar la llamada. "Y aquí viene lo más extraño de todo. Cuando la policía llegó, esto es, el mismo día por la tarde, ya no estaban. Quiero decir que los cadáveres habían desaparecido, pero no había nadie más que nosotros en la casa".
Jaime Hernández nos cuenta, además, otro dato. Cuando llegó a la finca comenzó a hacer reformas y ampliaciones, entre ellas una granja llamada "El Palomar" en la que el matrimonio pensaba criar animales para hacer talleres y actividades con niños. Desde hace algún tiempo, nos relata la familia, han empezado a tener extraños incidentes en el lugar de las obras de la granja. Según el matrimonio, los empleados de la construcción empezaron a comentar que aparecían huesos y diversos órganos en el lugar de la excavación de los cimientos, y muchos obreros supersticiosos empezaban a dejar el trabajo.
"Sea quien sea que nos está haciendo esto", señala Jaime, "no conseguirá que nos vayamos. Es nuestra casa, y pensamos seguir adelante". Con esta firme declaración, nos despedimos de Jaime y su familia.
[EXTRAIDO DE UN PERIODICO]
[EXTRAIDO DE UN PERIODICO]
No hay comentarios:
Publicar un comentario